¿Qué tienen en común las siguientes actividades? Revisar la basura, vender algo que todavía no existe, hacerse pasar por otro, regalarle dinero a alguien por mirarlo mientras hace su compra.
La respuesta es: todas se usan por gente de marketing para averiguar datos valiosos.
¿Y para qué nos tomamos semejante molestia, en lugar de ir directamente a preguntar a los clientes qué prefieren?
Porque cuando se nos pregunta algo, respondemos al entrevistador de la manera más adecuada a esa pregunta (“para mí lo más importante es el respeto a las personas y el cumplimiento de la ley”) pero no siempre coincide con los comportamientos que finalmente hacemos (pasar todos los semáforos en rojo que se crucen en el camino).
Esto es muy común para el caso de algunas elecciones, en la que frente a las encuestas un votante dice que va a votar a tal candidato, porque es lo que debería decir alguien de su nivel socioeconómico o lo que queda bien en su grupo de pares, pero en la intimidad del cuarto oscuro, cuando verdaderamente tiene que elegir, pone otra boleta.
¿Estoy afirmando que somos todos mentirosos y que no se puede confiar en nadie para hacerle una pregunta? Sigue leyendo →
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